Las hipoglucemias

Nuestro cuerpo necesita recibir una cantidad constante de energía para poder funcionar correctamente. Esta energía normalmente la recibe gracias a la glucosa.

La glucosa es una azúcar esencial que actúa como combustible principal en la mayoría de nuestros órganos y tejidos. Comúnmente se conoce como «azúcar» y se obtiene de los alimentos que ingerimos.

Además, para no tener que estar continuamente comiendo, el cuerpo dispone de un mecanismo de almacenaje/recuperación de glucosa muy complejo. Gracias a él, guardamos parte de la energía obtenida al comer y lo hacemos, sobre todo, en hígado, músculos y grasa.

Por el contrario, al ayunar, al hacer una actividad física intensiva, en un cuadro infeccioso u otras situaciones que implican un mayor desgaste energético, nuestro cuerpo recupera la glucosa almacenada.

De este modo, nuestros niveles de azúcar en sangre se mantienen de forma constante dentro de un rango de glucemia que se considera «saludable».

En condiciones normales

Esta cantidad de azúcar en sangre se mantiene
entre 70-150 mg/dl (3,89-8,32 mmol/L).

Por ende, una «bajada de azúcar» empieza a suceder cuando nuestra cantidad de glucosa en sangre se sitúa por debajo de 70 mg/dl. Y decimos «empieza a suceder» y no solo que sucede, porque una hipoglucemia no es un momento puntual; sino una sucesión de acontecimientos. Y el pronóstico tras ella depende de múltiples factores.

Si tienes o convives con una enfermedad que pueda provocar hipoglucemias, es esencial que aprendas a identificar y a tratar sus síntomas. En especial, si quien la padece es un bebé o un niño pequeño que aún no es capaz de llevar un control autónomo de su condición.

La persona que entra en situación de hipoglucemia pasa de encontrarse bien a experimentar sensaciones molestas.

Estas son señales de alerta que manda el cuerpo, avisando de que la cantidad de azúcar en sangre no es suficiente para seguir funcionando bien.

En especial, para que lo haga el cerebro.

Estas señales se manifiestan en forma de distintos síntomas y se producen porque el organismo está activando las hormonas contrareguladoras.
Es decir: las que recuperan la glucosa almacenada.

Estos primeros síntomas pueden ser muy variados pero a menudo suelen manifestarse como palidez, temblores, ansiedad, palpitaciones, hambre, irritabilidad, taquicardia, hormigueos, sueño, sudoración (normalmente sudor frío), debilidad y náuseas.

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Cuando no se corrige la situación inicial de escasez de glucosa y los niveles descienden todavía más, el organismo empieza a experimentar otros síntomas más graves.

Estos son consecuencia de la falta de glucosa en el cerebro.

Los segundos síntomas también pueden ser muy variados pero incluyen confusión, agresividad, lapsus de conciencia, habla incoherente, alteración del comportamiento, mareo y debilidad, dolor cabeza, visión doble o borrosa, convulsiones, marcha inestable o falta de coordinación, sensación de calor o frío, falta de concentración, sensación de quemazón o pinchazos, trastornos del lenguaje o el habla.

En general, estos síntomas más graves suelen aparecer cuando los niveles de azúcar desciende de 50 mg/dl (2,78 mmol/L) y suceden porque el sistema nervioso de resiente mucho por la falta de glucosa.

Una hipoglucemia grave es una situación de emergencia y requiere de una actuación inmediata

Suelen requerir la ayuda de otra persona para corregirla

Podríamos decir que los primeros síntomas son del tipo «cuidado que te vas a hacer daño» y los segundos cuando ya te lo estás haciendo.
Ahí es donde empieza lo más peligroso de todo.

Si los segundos síntomas no se corrigen se puede entrar en coma hipoglucémico. En principio no es permanente, ya que podría revertirse administrando glucosa intravenosa.

En el supuesto de que la glucemia descendiese más aún y el organismo se quedara sin azúcar en la sangre, se produciría la muerte.

Muchas familias luchamos a diario
contra las hipoglucemias y eso nos obliga
a adquirir una serie de conocimientos
básicos y no tan básicos.

DESDE LA PRIMERA

Las familias deberían recibir una formación adecuada, comprensible y de calidad sobre el control glucémico y cómo actuar en una emergencia.

No es tan importante conocer los por qués de las causas, como entender la gravedad que puede tener una bajada de azúcar y aprender a actuar si sucede. Adquirir ese conocimiento puede salvar la vida de alguien.

Aún importa más si ese alguien es tu hijo y te has encontrado con las hipoglucemias a las pocas horas de nacer.

Tenemos un montón de deseos por y para las enfermedades minoritarias que causan hipoglucemia. ¿Nos ayudas a que crezca?

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